miércoles, 11 de junio de 2008

cotidianeidades

Parada en la cola del supermercado, X se preguntó porque su vida no podía ser normal. Ni siquiera el latido de su corazón en ese momento lo era. Su enorme angustia seguía creciendo mientras olía a su antecesor en la fila, pis, vino, sucio, perro... todavía no podía definirlo, o quizá era una mezcla de todo, o una mezcla de nada. X seguía con su mirada fija en el vidrio de la puerta... ¿Por qué su carrera no era normal? ¿por qué sus besos no eran normales?. Su relación con todo, o con nada. ¿Por qué los fantasmas de sus actos la acechaban en cada momento sin decirle lo que querían, solo estar ahí, para perturbar? ¿Por qué vivir había sido tan fatal? ¿Por qué la querían tantos? ¿Por qué estar rodeada de gente cuando no lo merecía? ¿Por qué ni siquiera su forma de llorar era normal, su forma de amar?.
En ese momento le preguntó: - ¿vos nunca hablas de mi con nadie?
y le contestó:
-NO.
-¿y por qué razón?
- Porque no hay nada que contar
La expresión de su cara fue tan clara que sólo alcanzó a decir:
-Ah, me voy. Voy a caminar a tu salud. Tampoco entendió porque su amigo de los olores indefinidos se agachó y le dijo algo de una moneda, nunca contestó, tuvo miedo de abrir la boca.
- Claro! -pensó-, desde que nací nada de lo que sucedió fue normal. Su familia no era normal, la relación de sus padres , que tanto la avergonzaban, tampoco fué, ni es, ni será normal. No había una única razón por la cual se podría pensar que algún giro en el universo iba a normalizar algo. Luego vinieron los pensamientos sobre la anormalidad y si ser "normal" no sería mas que un deseo de encajar en eso que se llama "sociedad".
Volvió a creer una vez mas, que envidiar la vida de los demás era el camino más fácil para llevar a su imaginación a lugares extraños, hasta que uno de sus fantasmas le tocó la ventana y le dijo:
-Acá estoy, sólo para que pienses. Y otra vez su angustia, su llanto en la ducha, su ¿por qué dioz por qué?, sus deseos irreprimibles de conocer la máquina del tiempo y remediar... o ser pequeña y volver a chuparse el dedo. Hasta que por el altillo entró él y le dijo:
-"Si no aprendés a perdonarte no vas a poder, X. Perdonate, el resto es la vida"
-Si, pero no quiero equivocarme mas, no quiero mas nada. La miró dulcemente, le tomó la mano mientras tarareaba un tema de los beatles y se fué por donde llegó.
A veces se ponía a pensar solo en bocas, en como había llegado a ellas, en como hablaban, que sería de esas bocas en otras bocas y que oscuridad y claridad, al mismo tiempo, escondian.
Tenía la certeza de no importarle un poco. Que se había cansado de que sus bocas hablaran, gritaran, se chocaran. ¿Por qué no iba a querer apoyarla en aquella? Porque no importaba. Mientras una deseaba intensamente, la otra sólo queria irse, esquivarla, no mirarla.
Una vez le preguntó porque tenía tanto miedo, si no tenía ganas de ser como los otros, si no envidiaba todo lo que les pasaba, si no tenía ganas, algún día, de dejar de tener prejuicios y vivir al menos un poco, si la soledad iba a seguir acompañando su vida o si sólo era un recurso para no ser como ellos.
Tu mundo es al revés. Yo veo la vida con la cabeza abajo y eso todavía me resulta.
Le contestó, claro, le dijo que NO. Nada de lo que pasaba a su alrededor era relevante.
Todo le deseaba. Su felicidad, su claridad, sus proyectos, sus sueños. A cada instante deseaba que pueda dar ese (o aunque sea) un paso, que no tenga miedo. Hasta a veces no entendía como podía desearle tanto, la gente es rencorosa, no deberian ser esos sus sentimientos.
A veces se siente mas cerca, de esto. Tomar un colectivo y no volver. Llevarse lo poco que tiene y caminar. Que nadie pregunte. Cuando quieras o cuando puedas darme todo, ya no voy a querer todo, y entonces otra vez, debo irme, caminar.
Le molestaban profúndamente las comparaciones. Tanto, que terminaba comparándose ella misma. Todo eso que detestó y detestaba de la persona con la que se comparaba, lo veía en ella y se aborrecía. Y no quería mas.
Y otra vez, pero en ésta ocasión tuvo la gentileza de tocar el timbre, el horrible fantasma de lo que fué.

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