Sentada en el umbral de alguna casa que no conocía, X se puso a mirar el color que tenía el cielo, los árboles, las flores.
Tenía tiempo para perder.
No habia mas en ella que un poco de cansancio. Sólo necesitaba sentarse un rato y ver el mundo desde abajo. Tenía ganas de ser una hormiga, o al menos a veces se sentía como una.
Entonces se preguntó que era Amar. Cuál era el sentido de la palabra, cuando era el justo momento en que se sentía, cuando no. Dónde se rompían los límites. Por qué estamos tan acostumbrados a apurar los sentimientos. Por qué a veces es sólo un recurso dialéctico.
Y mientras miraba como una hormiga trataba de levantar un pedacito de rama, se dijo:
Si amar es:
*Mirarte a los ojos y reconocerme en vos.
*Que tu sola existencia haga de mi un ser felíz.
*Que te conozca con solo mirarte.
*Que tu risa me cure el alma.
*Que tus malos días se conviertan en mis malos días.
*Que sólo tocar tu piel haga erizar mi piel.
*Mis diez millones de mariposas en la cabeza, que no te molestan.
*Mis 10 millones de mariposas en la cabeza, que si te molestan.
*Tenerte a mi lado y que con eso me baste.
*Hacer de tu sonrisa un mundo y de tu llanto, otro.
*Abrazarte y que me baste el mundo.
*Mirarte y que me baste el mundo.
*Pensarte y que me baste el mundo.
*Hablarte y que me baste el mundo.
*Tocarte y que me baste el mundo.
*Sentirte y que me baste el mundo.
*Vivirte y que me baste el mundo.
*Que estés acá -ahí- y que me baste el mundo.
-Entonces, se dijo X (levantando la rama y posándola sobre el lomo de la hormiga), entonces, creo... creo que sí.
sábado 19 de julio de 2008
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